Entre los doce apóstoles también estaba Tomás, conocido coloquialmente por su incredulidad, pues no creía que Jesús hubiera resucitado. Según detalla el evangelio de Juan, cuando otros discípulos le dijeron a Tomás que habían visto a Jesús, él respondió: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré".
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