1. «Padre: Perdónalos porque no saben lo que hacen»
(Lucas 23, 24)
Jesús, con estas palabras, no pide el perdón para sí, pues no le hacía falta, sino para los que le habían hecho eso. Murió amando hasta el final, perdonando. El amor gana así al odio. En la Cruz volvió a dar una gran lección, pues la verdadera prueba del cristianismo no es amar a los amigos, sino a los enemigos, a los que nos desean y hacen el mal y no nos quieren. Perdonar ayuda a quitar el odio, perdonar vence al odio. El odio queda derrotado a fuerza de bien, de perdón.