Significado Del “Desande”



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Algunos teólogos, o gente racional se preguntarán ¿cuál es el objetivo de dicho acto? O ¿con que fin lo hacen? La pregunta no es fácil de responder, es más fácil formularla que responderla, pero si existe un significado amplio. Esta procesión penitencial surgió de las sangrientas procesiones españolas que hacían los flagelantes, que al pasar el tiempo fueron adquiriendo las cofradías nazarenas, hasta que el concilio vaticano II, las modificó.

Luego de ello, surge la parte teológica de la acción, ya no es vista como solo acto de mortificación, o solo piedad popular, ahora se le puede dar el enfoque teológico. El cuerpo es templo del espíritu Santo como lo dice San Pablo, de este corta frase, fue que la iglesia prohibió el Desande de la crucifixión o flagelación, pues no se le encuentra un sentido lógico a la acción. Sin faltar el respeto a las actos de mortificación de San Antonio (franciscano).

El nazareno en dicho acto cumple completamente el camino de Cristo, esta es la pieza fundamental de su espiritualidad. El desande es el homenaje de la muerte corpórea de Cristo, sabiendo que no hubo muerte de alma, sino de cuerpo. El nazareno cumple lo escrito en el evangelio, por ello es teológico por que no se aparta de la sagrada Escritura, sabiéndola interpretar. El DESANDE, es más que una procesión tradicional de penitencia. Pero aclaro que no es la pasión, es ya la muerte del cuerpo, el énfasis de esta parte de la celebración del triduo es el cuerpo, el significado corpóreo, el papel de la carne dentro del plan de hombre.

El sentido teológico del Desande Algunas personas, incluidos teólogos y estudiosos de la fe, pueden preguntarse cuál es el verdadero objetivo del Desande y qué significado tiene dentro de la espiritualidad de una cofradía nazarena. La respuesta va más allá de una simple tradición o manifestación de religiosidad popular. Históricamente, esta práctica encuentra sus raíces en las antiguas procesiones penitenciales de España. Con el paso del tiempo, las cofradías fueron transformando estas expresiones, orientándolas hacia una vivencia más profunda del misterio pascual. Tras la renovación litúrgica promovida por el Concilio Vaticano II, muchas manifestaciones externas de penitencia adquirieron un sentido más evangélico, privilegiando la conversión interior sobre las prácticas de mortificación corporal. Desde la perspectiva cristiana, el Desande no debe entenderse como un acto de sufrimiento físico ni como una representación dramática de la Pasión. Su verdadero significado es teológico y contemplativo.

El apóstol San Pablo recuerda que "el cuerpo es templo del Espíritu Santo" (1 Co 6,19), por lo que la Iglesia invita a respetar la dignidad del cuerpo humano y a comprender la penitencia como un camino de conversión del corazón. Para el nazareno, el Desande constituye la culminación espiritual del recorrido iniciado junto a Cristo. Si durante la Semana Santa acompaña al Señor en su camino hacia el Calvario, en el Desande contempla y honra el misterio de la muerte corporal de Jesucristo, recordando que el Hijo de Dios entregó verdaderamente su cuerpo por la salvación del mundo, mientras su divinidad jamás dejó de estar unida a Él. No se trata de revivir la Pasión ni de repetir el sufrimiento de Cristo. El centro de esta celebración es la contemplación del cuerpo entregado, signo supremo del amor redentor de Dios. En ese cuerpo crucificado se manifiesta la entrega total de Cristo, que asume la condición humana para vencer el pecado y abrir el camino de la Resurrección.

El Desande invita al nazareno a reflexionar sobre el valor del cuerpo humano dentro del plan de salvación. El cuerpo no es un simple elemento material, sino un instrumento para amar, servir y glorificar a Dios. Así como Cristo ofreció su cuerpo por la humanidad, el cristiano está llamado a ofrecer su propia vida en servicio, caridad y fidelidad al Evangelio. Por ello, el Desande es mucho más que una procesión tradicional de penitencia. Es una catequesis viva que conduce a la contemplación del misterio de Cristo muerto, fortalece la esperanza en la Resurrección y recuerda que el camino del discípulo culmina siempre en la victoria de la vida sobre la muerte. En este sentido, el Desande constituye una expresión auténtica de la espiritualidad nazarena: caminar con Cristo, contemplar su entrega y renovar el compromiso de vivir el Evangelio con humildad, fe y amor.


“Polvo eres y polvo te convertirás”

Los nazarenos son conscientes, que dicho cuerpo siente, huele, ve, oye, habla. Pero esos sentidos son tentación del hombre, caída, dolor, vanidad, pecado, gozo, placer. ¿Pero qué pasa cuando lo dejan en el sepulcro? Ya no es el cuerpo el que reina, así sea la mayor perfección del Dios. Es el espíritu. Desde el viernes Santo deja de ser humano, y se vuelve Espíritu y verdad.